El archivo fotográfico también es archivo: buscar imágenes por lo que muestran, no por cómo se llaman

Los medios tienen decenas de miles de fotos con nombres como IMG_4471.jpg. Los modelos multimodales cambian esa ecuación, con matices que conviene conocer.

Close-up of vintage Kodak film negatives on a light table, showcasing nostalgic photographic captures.
Foto de Ron Lach en Pexels

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Cuando se habla del archivo de un medio se piensa en textos. Pero al lado de la hemeroteca hay otro depósito, normalmente peor organizado y a veces más valioso: el fotográfico.

Decenas de miles de imágenes propias, de coberturas que no se van a repetir, guardadas en carpetas por fecha y con nombres como IMG_4471.jpg. Encontrar algo ahí depende de que alguien recuerde cuándo se hizo.

Qué cambia con los modelos multimodales

Los sistemas capaces de representar imágenes y texto en un mismo espacio permiten buscar por contenido visual. Escribir «manifestación con pancartas frente a un edificio oficial, de noche» y recuperar fotos que muestran eso, aunque nadie las haya descrito nunca.

Para un archivo fotográfico sin catalogar, es la diferencia entre tenerlo y no tenerlo. Y funciona sin necesidad de que alguien se siente a etiquetar cien mil imágenes a mano, que es el proyecto que todos los medios tienen pendiente y ninguno acomete.

Los matices que conviene conocer antes

La búsqueda visual no identifica personas. Reconoce «un hombre con traje en un atril», no quién es. Para archivo periodístico, donde lo que se busca suele ser una persona concreta, eso limita bastante. La identidad sigue dependiendo de los metadatos que alguien escribió, o no escribió, en su momento.

Y no debería identificarlas. El reconocimiento facial sobre un archivo de prensa es terreno delicado, con normativa europea específica y un riesgo reputacional considerable para un medio. Es una capacidad técnica que existe y de la que conviene mantenerse lejos salvo criterio jurídico muy claro.

Los pies de foto son oro. Si el medio ha guardado pies de foto junto a las imágenes, ya tiene descripciones escritas por periodistas, con nombres, lugares y contexto. Indexar esos textos suele dar mejores resultados que cualquier análisis visual, y es mucho más barato.

Los derechos son más enredados que en texto. Fotografías de agencia con licencia por uso, fotos de colaboradores, imágenes cedidas para una información concreta. En fotografía la casuística es peor que en texto, y el descuido más caro.

Lo que de verdad conviene hacer primero

Antes de plantearse la búsqueda visual, hay un trabajo mucho más rentable: reunir cada imagen con el texto que ya la acompañaba. Su pie de foto, el artículo en el que se publicó, la fecha, el autor.

En la mayoría de los medios esa relación existe en la base de datos del gestor de contenidos y nadie la ha aprovechado nunca para buscar. Recuperarla convierte un depósito de archivos sueltos en un archivo consultable, sin tocar un solo modelo de inteligencia artificial.

La capa visual viene después, y sirve sobre todo para lo que no tiene texto asociado: material antiguo, descartes, fotos que nunca llegaron a publicarse.

Por dónde empezaría

Con una pregunta de inventario que casi ningún medio sabe responder de memoria: cuántas imágenes hay, cuántas tienen pie de foto y cuántas están vinculadas a un artículo publicado.

Esos tres números dicen si el problema es de catalogación, de tecnología o simplemente de que nadie ha mirado nunca ahí dentro. En mi experiencia, casi siempre es lo tercero.